Donde Habita El Olvido

Sabina Joaquin

Cuando se despertó,


no recordaba nada


de la noche anterior,


"demasiadas cervezas",


dijo, al ver mi cabeza,


al lado de la suya, en la almohada...


y la besé otra vez,


pero ya no era ayer,


sino mañana.


Y un insolente sol,


como un ladrón, entró


por la ventana.


El día que llegó


tenía ojeras malvas


y barro en el tacón,


desnudos, pero extraños,


nos vio, roto el engaño


de la noche, la cruda luz del alba.


Era la hora de huir


y se fue, sin decir:


"llámame un día".


Desde el balcón, la vi


perderse, en el trajín


de la Gran Vía.


Y la vida siguió,


como siguen las cosas que no


tienen mucho sentido,


una vez me contó,


un amigo común, que la vio


donde habita el olvido.


La pupila archivó


un semáforo rojo,


una mochila, un peugeot


y aquellos ojos


miopes


y la sangre al galope


por mis venas


y una nube de arena


dentro del corazón


y esta racha de amor


sin apetito.


Los besos que perdí,


por no saber decir:


"te necesito".


Y la vida siguió,


como siguen las cosas que no


tienen mucho sentido,


una vez me contó,


un amigo común, que la vio


donde habita el olvido.